La falda de mujer y su paso por la historia

La falda de mujer y su paso por la historia

La falda de mujer ha pasado por la historia subiendo y bajando sus largos, abriendo y cerrando su vuelo, cambiando tejidos y añadiendo complicadas estructuras internas para cambiar su arquitectura. Usada en todas las culturas primitivas, tanto por hombres como por mujeres, ha tenido una evolución como ninguna otra prenda, si bien hoy es una de las piezas básicas en cualquier guardarropa totalmente femenino, excepto en India y Japón.

La falda es, tal vez, la prenda de vestir primigenia del ser humano y cuyo uso no siempre fue exclusivo de la mujer. Curioso, el diccionario de la Real Academia Española, incluso etimológicamente, no centra bien su origen.

La estudiosa del Instituto Superior de las Enseñanzas Artísticas, Nieves Torralba, en su libro ‘El papel de la falda’ (UNAM, 2015) explica, sin embargo, que “el primer vestigio, del que se dispone, en cuanto a esta indumentaria humana la aporta la Venus de Lespugue (Alto Garona, Francia), pequeña estatua del Paleolítico Superior, datada 20 mil años antes de nuestra era”. “Aquí, una representación del cuerpo humano muestra una falda posterior, una especie de taparrabos o pampanilla hecha de fibras vegetales retorcidas, formando cuerdas y suspendidas de una cinta ajustada a la cintura”, detalla Torralba.

Para la estudiosa, “éste sería el primer y más claro indicio de que había algo con que los hombres y las mujeres se cubrían o se adornaban”. Si bien y según la propia Nieves Torraba, en dos tumbas danesas del comienzo de la Edad del Bronce, también, se han encontrado faldas elaboradas de cordoncillos verticales, fijados a un cinturón tejido y terminado en flecos.

Desde el Paleolítico Superior a Constantino, jefe supremo del Imperio Romano hasta el 337, la falda la usaban indistintamente hombres, mujeres y niños de cualquier edad y condición.

La escocesa falda de hombre

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Los varones escoceses usan la falda de hombre más reconocida por todo el mundo. De este modelo devienen todos los otros ejemplares masculinos, formando parte de la moda y de la tradición. Con el paso del tiempo, su uso ha sido extrapolado y adaptado al género femenino confeccionando modelos de faldas cortas y hasta la rodilla, de cuadros oscuros y anchos o bien de colores vistosos.

La escocesa ha sido elegida la falda favorita de los hombres de todos los tiempos. Diseñadores como Vivienne Wastwood y el fallecido Alexander Mc Queen han tratando constantemente de reinventar esta tradicional prenda, poniéndola más de moda, si cabe, y transformándola en diseño y elegancia. Estos estilistas han redimido los clásicos tartanes de falda escocesa, para adaptarlos a la moda actual.

Actualmente existe una gran variedad de modelos y diseños, muchos de ellos inspirados en la moda retro de otras épocas, pero fabricados en cualquier variedad de materiales, texturas y estampados. Y con largos que van desde el suelo hasta los muslos.

Falda y mujer, identificación

Viendo los restos que nos quedan tanto de esculturas como de pinturas, la falda era la indumentaria usada en todas las culturas primitivas para protegerse del frío y de las inclemencias del clima. Se trataba de un recuadro de tela con un agujero en su parte central y por el que hombres, mujeres y niños, sin diferencia de edad, insertaban su cuerpo y al que lo sujetaban con una cuerda en la cintura alta o hasta en el pecho. Cómo o cuándo se produce, entonces, la identificación falda y mujer.

Según Nieves Torraba, “la respuesta a estas preguntas la encontramos en la cultura occidental, que ancla el sistema abierto (vestido, falda) como el que define la indumentaria femenina y, por tanto, su identidad y el sistema cerrado o pantalón como identificativo de lo masculino”.

Uso exclusivo de mujer

Entre tanto, ya en la época de los sumerios, asirios y egipcios, se crearon ciertas diferencias. Los egipcios, por ejemplo, crearon los plisados. Y, mientras los hombres llevaban la falda por encima de la rodilla, las mujeres la llevaban hasta el tobillo, ajustada al talle y con tirantes.

Más tarde, durante el Imperio Romano, el emperador Constantino (306-337) comenzó a usar la falda hasta la rodilla. Hecha de correas anchas de cuero y bordes, su uso se extendió entre todos los soldados romanos. Apenas un siglo después y por tratarse de una prenda cómoda y que permitía el movimiento libre de las piernas, la falda comenzó a ser de uso exclusivo de las mujeres. Es, a partir de entonces, cuando la falda comienza a transformarse en función de los momentos históricos, las tendencias y necesidades de las mujeres.

Falda de mujer ‘armada’

Según la especialista en moda Stephanie Illingworth, en la Edad Media (s. V-XV), la falda de mujer era de cintura muy alta, prácticamente, comenzaba justo debajo del busto y llegaba hasta los tobillos o el suelo. Se fabricaba con telas pesadas y oscuras.

Durante el Renacimiento (s. XV-XVI), se convirtió en una especie de túnica que tenía un corte imperio, marcado y cortado debajo del busto, y que iba desde los hombros hasta los pies. Al tratarse de una sola pieza, se consideró más como un vestido.

La falda de mujer se retomó entre los s. XVII-XVIII, período en el cual se comenzó a utilizar con una serie de aros cosidos a su parte interior. Estos aretes la hacían amplia y abultada, de modo que el talle de la mujer se veía extremadamente delgado en proporción con su parte inferior. También se usaba con una estructura metálica que la abombaba en la zona posterior.

Otra variante era armarla con otro tipo de esqueleto metálico, pero dispuesto a los lados de la cadera. A esta combinación de varillas y lazos, se la conoció como ‘guardainfante’, porque permitía a las mujeres ocultar los embarazos, debido a la gran anchura que le proporcionaba a la falda. En esos siglos, además, las faldas contaban con muchos detalles y adornos, principalmente en su parte trasera.

En ‘Las meninas’ (1656), considerada la obra maestra del pintor del siglo de oro español, Diego Velázquez pintó con gran detalle la falda de mujer armada con ‘guardainfante’, tan típico de la época.

La falda de mujer se acorta

La falda de mujer se despojó de todo armazón metálico o de alambre y se comenzó a llevar más estrecha ya bien entrado el s. XIX y a principios del XX. Alguna, incluso, se ajustó sobremanera al cuerpo resaltando las curvas femeninas. Las telas empleadas en su confección eran menos pesadas y el largo, hasta el tobillo. Aún y todo, vestirla para la vida diaria y sus actividades seguía siendo algo complicado.

La solución a este problema llegó en los años veinte de la mano, cómo no, de Gabrielle ‘Coco’ Chanel. La diseñadora de alta costura francesa propuso otro estilo de falda de mujer, mucho más amplia y corta, y que facilitaba el movimiento de las mujeres. Así, Gabrielle logró imponer el ‘largo Chanel’ y dictaminó que debía cubrir justo la rodilla.

Conocida también como midifalda o falda midi, supuso un cambio total en el modo de entender la falda de mujer. Y de hecho, aún hoy en día, la medida de la ‘señora de verdad’, sigue siendo el largo a la rodilla.

Hasta que Coco Chanel (izda.) metiera la tijera en la falda de mujer en los años 20, ésta resultaba incómoda y poco práctica para la vida diaria y las numerosas actividades de la mujer.

Cinturas de avispa

Sin embargo, en este periodo la falda de mujer comienza a dejarse nuevamente de lado. Y, aunque no desaparece totalmente del guardarropa femenino, se llevaba recta, holgada y hasta la rodilla, y en ocasiones, tableada.
Así continuó durante la década de los años 30 y 40, y debido a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), las telas de la falda de mujer se volvieron de muy baja calidad. Se hizo más estrecha y con un largo máximo a la altura de la pantorrilla.

En los cincuenta, tras una época marcada por el pragmatismo y la escasez económica, vuelve con todo su esplendor. Triunfa la silueta ‘New Look’ lanzada por Christian Dior, en 1947, durante la presentación de su primera colección de Alta Costura. Este estilismo se caracterizaba por faldas amplias, cuerpos ceñidos y cinturas de avispa. Había nacido la ‘mujer-flor’, como Dior la denominaba, de hombros delicados, cintura estrecha y falda que caía en forma de corola, pero manteniéndose por debajo de la rodilla.

En 1947, Christian Dior diseñó la ‘falda corola’, una falda de mujer con una caída en forma de flor y muy amplia, cintura estrecha o de avispa, bien ceñida, y con un largo por debajo de las rodillas.

Falda de mujer secretaria

En 1954, harto de los excesos de las faldas de vuelo de los años 40 y de las copias que se hacían de su colección ‘New Look’, Christian Dior ideó la falda lápiz, también conocida como falda tubo. El modisto francés diseñó una nueva línea de falda de mujer, con unas proporciones que se ajustaban al cuerpo femenino y, de esta forma, se equilibraban los hombros y las caderas. Lo que obligaba, a su vez, a una corrección de la postura y de la forma de caminar.

Durante los años cincuenta, esta falda de mujer se hizo famosa, porque se convirtió en el ‘uniforme’ preferido de las secretarias, y en uno de los iconos de la década, ya que esta prenda se ceñía a la silueta de la mujer y la dejaba en línea recta en dirección a las rodillas. Además es muy elegante y, con el paso del tiempo, se ha reinventado para hacerla más cómoda si cabe.

La falda lápiz o tubo, fue ideada, también, por Christian Dior en 1954, para acabar esta vez con los excesos de vuelo de la falda de mujer de los años 40.

Abreviada falda de mujer

Ya en los años 60 y como parte de la cultura juvenil emergente y del inicio del movimiento de liberación sexual que trajo consigo la invención de la píldora anticonceptiva, surgió la minifalda. Aunque hay distintas opiniones sobre quién inventó esta abreviada falda de mujer, con Mary Quant, André Courrèges, John Bates y Jean Varon compitiendo por el título, la plataforma de lanzamiento de la minifalda en Londres fue la diseñadora local Quant. Por aquel entonces, la británica era el motor de la moda en una ciudad que estaba marcando el ritmo a nivel mundial.

La musa de Mary Quant fue una bailarina de claqué a quien espiaba en el estudio de danza donde tomaba clases de ballet. «Una chica un par de años mayor que yo, que reflejaba todo lo que yo quería ser y que me fascinó con una hermosa imagen de piernas y tobillos” -cuenta Quant- “Tenía puesta una falda corta plisada de unos 25 cm de largo, con un ajustado suéter negro y medias negras, calcetines blancos y un par de zapatos con correas en los tobillos».

Quant nombró a su famosa minifalda por su coche favorito, el Mini Cooper. “Este ‘miniauto’ combinaba a la perfección con la minifalda; hacía todo lo que uno quería, se veía genial, era optimista, exuberante, joven, coqueto… Y todo en su justa medida», asegura en el documental ‘Mary Quant, Mini Cooper, Minifalda’. Esta escandalosa, para la época, falda de mujer se caracterizaba por tener un largo que llegaba al muslo.

La minifalda es y será la falda de mujer más transgresora de la historia, ya que irá por siempre asociada al movimiento de liberación sexual de la mujer de los años 60.

Las maxi y micro faldas

A mediados de los sesenta y mientras la minifalda continuaba en su apogeo, las mujeres recuperamos la ‘maxifalda’. Un estilo de falda de mujer a la cintura y sumamente larga, hasta los tobillos, a veces de vuelo y que estiliza la figura. Confeccionada, generalmente, con motivos florales, solía llevarse con botas. Fue en el período Eduardiano (1890-1910), cuando esta falda de mujer extra-larga había aparecido por primera vez y, ya entonces, se acompañaba con botas de cordones.

En los 80, 90 y principios del s. XXI, se dejaron ver diversos tipos de falda de mujer que se inspiran en diseños anteriores, con ligeras variaciones en el largo, corte o estampado. Sin embargo, a comienzos del 2000, llegó a Europa procedente de Japón y se impuso con fuerza la ‘microfalda’, mucho más corta y provocadora que la minifalda, y normalmente de menos de 20 cm de largo. Una falda de mujer más corta que la minifalda, que no llega a cubrir por entero nuestras nalgas.

La falda de mujer es una prenda básica en nuestro armario y fácil de combinar. Nos permite conseguir numerosos estilismos, todos ellos muy femeninos. ¿Estáis de acuerdo? ¿es una prenda a tener en cuenta o no? ¿con qué modelo os sentís más cómodas? ¿con cuál os identificáis más?

El paso de la historia se concretiza en diferentes materiales de confección, cortes y largos de falda de mujer que responden, todos ellos, a la evolución de las tendencias y, sobre todo, a las necesidades de las mujeres.

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