Impermeables Stutterheim: suecos, hechos a mano y con historia

Impermeables Stutterheim: suecos, hechos a mano y con historia

En un mundo como el nuestro, en el que estamos acostumbrados a que todo vaya muy rápido, nos parece muy raro que un simple impermeable se haga a mano. Y si, encima, nos dicen que nuestro chubasquero preferido estará a la venta pasados seis meses, probablemente no nos lo creamos. Pero sí, en este mundo digital y permanentemente conectado, todavía podemos encontrar firmas como la sueca Stutterheim donde acarician la lentitud, la melancolía, lo artesanal y los detalles cuidados para ofrecernos impermeables llenos de pasión y autenticidad basados en el más puro estilo de Estocolmo.

La historia de los impermeables Stutterheim está cosida a mano desde el otoño de 2014, cuando Alexander Stutterheim dio a conocer su primera colección de impermeables hechos a mano clásicos, para ser utilizados en la ciudad, en el bosque y en el mar. Impermeables que, según el fundador y director creativo de la marca sueca, “se utilizan y aprecian mientras se vive”. “Queremos abrazar la lluvia y la melancolía que se siente a menudo cuando llueve, en lugar de señalarla con el dedo” -asegura Stutterheim- “Vemos en el mal tiempo, un tiempo para relajarse, encontrar nuestros demonios internos y desafiarlos”.

En Stutterheim, quieren que nos veamos bien mientras disfrutamos de la lluvia. No creen en la producción en masa, y todos sus impermeables son unisex y se producen con regularidad, siendo capaces de abastecer las demandas sobre una base continua en el tiempo.

El abuelo de Stutterheim pescaba en aguas de Arholma, una hermosa isla del noreste del archipiélago de Estocolmo. ©TripAdvisor

El impermeable del abuelo

En 2014, Alexander Stutterheim descubrió el impermeable de su abuelo abandonado en un granero. A menudo, el anciano iba durante el día a pescar a Arholma, una isla en el archipiélago de Estocolmo, mientras por la noche, escribía poemas y obras de teatro. Cada vez que salía a la mar -“a buscarse la vida”, como solía decir-, desafiando el mal tiempo, las lluvias más cerradas y las tormentas más fuertes, a su nieto se le metía el miedo en el cuerpo.

Con el descubrimiento, los viejos recuerdos volvieron a Alexander y quiso, al instante, usar ese impermeable. Era increíblemente fresco y muy práctico, aunque tan grande como una tienda de campaña. Con mucho cuidado, lo llevó a su casa, donde lo extendió y empezó a imaginarlo en una versión actualizada y contemporánea. Impulsivamente, salió a comprar un pedazo de hule y, de vuelta y sobre el piso de la cocina, se puso a cortar un diseño utilizando el viejo chubasquero de su abuelo como patrón. Mostró el resultado a una pareja de amigos. Y después de algunas mejoras, lo tenía. Ahí estaba, el impermeable de los años 60 del archipiélago de Arholma, actualizado para el hombre y la mujer modernos.

Temporada tras temporada, Alexander Stutterheim ha ido incorporando nuevos colores en la producción de sus impermeables. ©Stutterheim

Hechos a mano

Alexander llevó su prototipo a la última fábrica textil que quedaba en la pequeña ciudad sueca de Borås. Desde hacía ya mucho tiempo, la manufactura de impermeables había sido devorada por la industria de ropa deportiva y la producción se había trasladado a países lejanos y con costes más bajos. Tan pronto como se encontró con el gerente, Johan Käll y las costureras, Birgitta y Lena, supo que eran las personas adecuadas a las que confiar su proyecto. Había dado con la combinación perfecta: habilidad artesana y máxima atención a los materiales y los detalles. Y juntos se dieron cuenta de que los impermeables Stutterheim debían hacerse a mano.

El resultado, un chubasquero, con todas sus costuras pegadas y selladas, de la mejor calidad, hecho a mano, y con un corte clásico y discreto. “Una gran manera de honrar al impermeable duradero y práctico de mi abuelo” -asegura Alexander- “un homenaje a un hombre maravilloso y a la búsqueda de la vida”.

Los primeros 200 chubasqueros Arholma Svart fueron elaborados y vendidos en el apartamento de Alexander Stutterheim. Después de un par de meses, cuando los vecinos empezaban a ver con suspicacia todas las personas que salían del apartamento de Alexander con impermeables negros, trasladó su negocio a otro lugar. La nueva tienda, showroom y sede, se convirtió entonces en lugar de experimentación con la  lluvia y oscuridad, y es allí donde nacen, desde entonces, cada nueva idea cada nuevo producto.

Alexander Stutterheim ha logrado dar nueva vida al viejo impermeable de su abuelo. Una prenda impenetrable y duradera para ir bien vestido en el campo, en el mar o paseando por la ciudad, incluso en condiciones extremas de mal tiempo.

Temporada tras temporada, Alexander Stutterheim ha ido incorporando nuevos colores en la producción de sus impermeables. ©Stutterheim

Firmados y numerados

Todos los impermeables Stutterheim se hacen a mano y prestando gran atención a los detalles. Los materiales de confección son elegidos cuidadosamente y sus costureras revierten toda su energía y amor en cada chubasquero que manufacturan. Y es que, la calidad importa. Cada impermeable es firmado y numerado por la modista, para dar cuenta de los altos estándares de la calidad que caracterizan a cada prenda. “La calidad te hace sentir mejor, más hermoso y cómodo con tus propios demonios y con los de la naturaleza” -asevera Alexander Stutterheim- “Nuestro objetivo es crear una nueva relación entre quienes adquieren una de nuestras prendas y el propio chubasquero, por ello, cuando se trata de calidad, no podemos dejar nada de lado”.

Tal vez, el impermeable Stutterheim perfecto sea el Stockholm o Estocolmo, disponible en muchos colores. Todas sus costuras están doblemente reforzadas con soldadura ‘autógena’, sin intermedio de materia extraña, para asegurar la mejor protección y durabilidad. Pero hay muchos más: el primigenio Arholma, confeccionado con el más fino algodón orgánico recubierto de goma y se presenta igualmente en varios colores; el Mosebacke, la versión más vestida de los emblemáticos chubasqueros suecos; el ‘peacoat’ o chaquetón marinero Stutterheim, de doble botonadura, sin forro y con cierre rápido de metal; y el Arvid, confeccionado con algodón de Limonta, teñido a mano.

¿Los conoces? ¿tienes uno? Cuéntanos las virtudes de tu Stutterheim y si te lo pones con frecuencia. Para aquellas que aún no conocíais esta firma sueca, pasaros por Inarkadia Bilbao y probaros uno, veréis, veréis cómo son de confortables y sólidos.

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